La madrugada había avanzado sin dar oportunidad de voltear a ver el reloj. Caminar sin rumbo e iluminado (no santo) solo por la luz de las lámparas y la luna, en estos tiempos, más que procurarnos algún episodio insospechado, plagado de hadas y duendes, o en el que uno colme y satisfaga a una princesa, nos procura una sorpresa premeditada, si, de esas que encabezan la nota roja del periódico vespertino.Ando. Hoy como en algunas otras noches, vengo de la casa de mi abuelo, la casa plagada de recuerdos, sueños inconclusos, amores tempranos, promesas con sabor a esperanza y condimentada con una pizca de falsedad. Un paso tras otro, el eco se arrastra, se vuelve mudo entre los autos y los árboles de un jardín escueto, silencio; shhhhhh, shhhhhhh, toc, toc, plac, tocc, shhhhhhh, es entonces cuando se desea que el silencio se rompa por un pensamiento fugitivo a los labios de uno. Y solo resta caminar. Contemplar un cuadro a media luz…. es una calle vacía, un transeúnte, más autos, todos quietos, unos andando, ansiosos de llegar a un destino de minutos y charla ligera cambiados por unos pesos; si pudiera pagar por detener el tiempo en una de sus sonrisas, con gusto lo haría, pero eso si, que fuera en la sonrisa numero siete de mi haber en su historia, cuando le platique lo del pollito.
Casa. Mi-su-tu casa. La segunda taza de café te convierte en noctámbulo y la tercer copa en un beodo; ser persona normal transformada en poeta por obra y gracia del alcohol, hoy en día, es un negocio mal pagado, y más, cuando el ángel de la inspiración y con el que se ahogan las penas, se quedo en un bar de mala muerte prostituyendose por un chisguete de ron.
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